Planta terapéutica en el deporte: la liga de baloncesto ante un mapa legal que avanza en EE. UU.
La controversia sobre si la planta terapéutica en el deporte de máximo nivel debe encajar en las normas de la principal competición mundial de baloncesto lleva años sobre la mesa. Lo que sí se transforma con rapidez es el escenario jurídico en Estados Unidos: en la actualidad, 38 de los 50 estados autorizan el empleo de la hierba con fines sanitarios.
Actualizar el convenio colectivo y la planta terapéutica en el deporte cuando la ley estatal lo avala
David Stern, durante su mandato como comisionado de la liga, defendió que había que revisar el acuerdo laboral para no castigar el consumo allí donde la legislación local lo permitiera. En su opinión, al encontrarse la planta en plena senda hacia la legalización, los deportistas deberían poder recurrir a ella en los territorios autorizados, y las grandes competiciones tenían la oportunidad de adelantarse y marcar el rumbo del cambio.
Hoy por hoy, 18 de las 30 franquicias —19 si se incluye a Toronto Raptors, con sede en Canadá— desarrollan su actividad en estados norteamericanos donde el uso medicinal o terapéutico está admitido.

Denver Nuggets, Portland Trail Blazers, Los Angeles Lakers, Los Angeles Clippers, Golden State Warriors, Sacramento Kings y Boston Celtics operan en entornos que autorizan la planta tanto con fines recreativos como sanitarios. Phoenix Suns, Minnesota Timberwolves, Chicago Bulls, Cleveland Cavaliers, Detroit Pistons, Miami Heat, Orlando Magic, New York Knicks, Brooklyn Nets, Philadelphia 76ers, Washington Wizards y Toronto Raptors, en cambio, pertenecen a estados en los que solo se tolera con propósito medicinal. En conjunto, son 19 equipos sobre 30: el 61 % de la competición.
La ampliación del marco legal responde, en gran medida, a la abundante investigación sobre las ventajas clínicas y el potencial terapéutico de la planta.
Jay Williams, exjugador de la liga, calculó que entre el 75 % y el 80 % de los integrantes activos recurren a la hierba.
Diversos veteranos —entre ellos Clifford Robinson, Blake Griffin, Karl Anthony Towns y Phil Jackson— han relatado que muchos atletas eligen esa vía frente a analgésicos recetados por facultativos, como Vicodin o Percocet, opioides con alto riesgo de dependencia que les provocan complicaciones graves.
Hace aproximadamente un año, Adam Silver, comisionado en funciones, subrayó que la cuestión no podía quedar en segundo plano y mostró interés por los avances científicos vinculados al empleo terapéutico de la planta. Consideró que debía regularse como el resto de fármacos y contemplarse para aliviar el dolor, siempre mediante un diálogo con la Asociación de Jugadores. Añadió que, si la evidencia respaldara aplicaciones médicas efectivas, la organización estaría dispuesta a autorizarla, aunque recordó que, por fortuna, el baloncesto no exige el mismo nivel de dolor crónico que otras disciplinas, por lo que de momento no lo veía imprescindible.
Aunque Silver acierta en parte al comparar la exigencia física de la liga con la de competiciones como la NFL —donde el mismo debate sigue abierto—, esa diferencia no debería servir de pretexto para que el baloncesto profesional renuncie a encabezar la adaptación normativa.
Fontana: SoloBasket.com
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