Estudio NFL sobre atletas: por qué el uso de cannabinoides sigue en silencio
Un estudio NFL atletas recién publicado arroja luz sobre cómo deportistas profesionales y de élite en deportes de contacto utilizan cannabinoides para el dolor, el sueño, la recuperación y la salud mental, muchas veces sin orientación médica fiable. Aunque las grandes ligas han relajado sus políticas, el miedo al juicio y a las consecuencias profesionales mantiene el tema fuera de las conversaciones oficiales.
Qué revela el estudio NFL atletas
La investigación, publicada el 7 de julio de 2026 en la revista científica Sports Health, fue realizada por equipos de la Universidad de Saskatchewan y la Universidad de Regina (Canadá) y recibió financiación parcial del Comité Conjunto de Gestión del Dolor de la NFL y la NFLPA. Según sus autores, se trata del primer estudio cualitativo centrado específicamente en la experiencia y las opiniones de deportistas profesionales y de élite en deportes de contacto respecto al uso de cannabinoides.
Se clasifica como estudio cualitativo descriptivo de nivel 4 de evidencia. No fue un ensayo clínico: los investigadores no administraron cannabinoides, no compararon productos ni midieron rendimiento, dolor, sueño o recuperación de forma objetiva.
Metodología y participantes
El equipo realizó diez entrevistas semiestructuradas por Zoom, de entre 30 y 45 minutos cada una. Los participantes incluyeron deportistas activos y retirados, con edades entre 19 y 48 años y experiencia en la NFL, la NBA, la NHL, la American Hockey League, la NCAA y U Sports. Ocho eran hombres y dos mujeres, todos residentes en Estados Unidos o Canadá, con una media de 5,1 años de experiencia deportiva.
Las entrevistas se grabaron con consentimiento, se transcribieron, revisaron manualmente y se anonimizaron. A continuación, los investigadores aplicaron un análisis temático en seis pasos para identificar patrones recurrentes.
Motivos de uso y formas de consumo
Del análisis emergieron cinco grandes temas:
- Los deportistas utilizan cannabinoides.
- Tienen poco acceso a educación fiable.
- Temen ser juzgados o castigados.
- Desconfían de parte del personal médico.
- Deben navegar leyes, regulaciones e instituciones contradictorias.
Los participantes describieron el uso para gestionar el dolor, relajarse, dormir, recuperarse, cuidar la salud mental y, en algunos casos, por posibles beneficios neuroprotectores percibidos. Algunos también lo preferían al alcohol en contextos sociales. Mencionaron aceites, tinturas, comestibles, productos tópicos y cannabis inhalado, ajustando dosis, momento y método para intentar evitar efectos negativos en el rendimiento.
Varios relataron experiencias concretas: uno indicó que dejó de centrarse en el dolor de cuello; otro afirmó dormir mejor por la noche que con Tylenol con codeína. También describieron uso durante la recuperación de conmociones y para manejar la ansiedad o el estrés competitivo.
Una cultura de silencio pese a políticas más flexibles
Aunque las políticas son menos estrictas que hace una década, muchos aprendizajes siguieron basándose en prueba y error, compañeros de equipo, familia o búsquedas en internet, porque la formación de equipos y organizaciones deportivas era escasa. Cuando existía, solía centrarse en prohibiciones y consecuencias negativas, no en diferencias entre THC y CBD, riesgos, vías de administración o fundamentos científicos de las normas.
Varios temían que una pregunta médica se interpretara como una confesión y llegara a entrenadores o directivos con poder sobre contratos o minutos de juego. Algunos prefirieron consultar profesionales ajenos al club. Los autores describieron una cultura de «no preguntes, no cuentes»: el uso podía ser conocido entre compañeros, pero quedaba fuera de conversaciones oficiales mientras no afectara visiblemente al rendimiento.
También surgió un doble estándar con el alcohol, normalizado en muchos vestuarios mientras el uso de marihuana podía derivar en pruebas, sanciones o daño reputacional.
Conclusiones y límites del estudio
Los autores no concluyen que las ligas deban recomendar cannabinoides, sino que abordarlos solo con castigo y estigma deja a los deportistas tomando decisiones importantes con información incompleta. Piden educación específica para atletas y profesionales de medicina deportiva, políticas más coherentes entre ligas, espacios confidenciales para consultar y más investigación sobre bienestar, rendimiento y efectos a largo plazo.
El estudio tiene limitaciones claras: diez entrevistas no representan a todos los deportistas, la participación voluntaria puede haber atraído a quienes ya estaban más abiertos al tema, y no permite estimar cuántos atletas usan cannabinoides ni establecer relaciones de causa y efecto sobre dolor, recuperación o rendimiento.
Su relevancia está en señalar una brecha: desde 2022, la NFL y su sindicato de jugadores financian investigación sobre cannabinoides, dolor, conmociones y alternativas a opioides, pero cambiar normas o listas de sustancias prohibidas no modifica automáticamente lo que ocurre en los vestuarios. La pregunta que plantea es si los deportistas seguirán decidiendo en silencio o podrán hacerlo con información fiable que reduzca riesgos y proteja mejor su salud.
Fuente original: High Times — Athletes Use Cannabis in Silence: What This NFL-Backed Study Revealed